Con el paso del tiempo, a través de nuestras vivencias y nuestras experiencias personales, vamos adquiriendo una serie de capacidades para comprender no sólo cómo funciona el mundo; sino también cómo funciona la forma de ser y de relacionarse las personas en sociedad.
En cada episodio de nuestra vida, nos rodeamos de un conjunto de personas diferentes que nos aportan tanto cosas positivas como negativas; y es el conjunto de todas esas experiencias, con aquellos con los que nos relacionamos, las que determinan nuestra forma de ser y de comportarnos dentro del marco de la sociedad.
A medida que vamos creciendo, madurando y adquiriendo nuevas experiencias sociales nos vemos forzados en múltiples ocasiones (más de las que nos gustaría vivir) a enfrentarnos a la eterna y compleja situación de aceptar y superar lo que comúnmente se conoce como "decepción".
Cada persona, como decía Ortega y Gasset, es un cúmulo de circunstancias; y por ende, somos seres sociales en principio diferentes entre si, aunque en ocasiones se pueda observar un mismo patrón en distintas personas. Me detengo a explicar ésto porque considero que es importante entender que ante una decepción, cada persona reacciona y asimila de forma diferente dichas decepciones. Pero lo que todos compartimos, o eso quiero creer, es que más tarde o más temprano adquirimos la capacidad de sobrellevar una decepción.
Para poder llegar a este punto debemos aprender algo realmente importante: La única forma de superar una decepción con alguien, y de poder proseguir con nuestras vidas, es aceptar el hecho innegable de que los demás no siempre van a actuar, pensar o sentir como nosotros esperamos que lo hagan. Debemos tener siempre presente que estamos expuestos continuamente a encontrarnos con muros allá donde esperamos encontrar puertas. Cuantas menos expectativas pongamos sobre alguien; si dejamos que sea el tiempo y las experiencias las que hablen por si solas, construyendo nuestra idea de alguien a medida que la descubrimos, hallaremos un mayor grado de estabilidad emocional y de capacidad para relacionarnos con los demás.
Pero como escuché una vez, "el camino es largo y hay que andarlo". No nacemos con las capacidades sociales inherentes, y debemos adquirirlas a través de un proceso de aprendizaje que bien podría definirse como de "ensayo-error" a lo largo de múltiples experiencias. Ahora toca hablar de los errores que solemos cometer y que nos llevan a conclusiones negativas como es la decepción.
Uno de estos errores más frecuentes es el de construir sobre una persona, que conocemos o que forma parte de nuestras vidas, una imagen proyectada de idealización. La razón principal de que lleguemos a este punto radica única y exclusivamente en nosotros mismos.
En este punto, la persona que me pueda estar leyendo se habrá dado cuenta que hago responsable a uno mismo de este problema; que a muchos bloquea o incluso destruye. La razón por la que idealizamos a las personas, en un momento dado de nuestras vidas, se halla en la necesidad, que nuestra propia alma y subconsciente nos reclama; de encontrar en los demás aquello que no tenemos y que creemos que necesitamos para ser felices. Proyectamos en las personas la imagen de todo aquello que nos falta para sentirnos completos. Ésto sucede en muchas más ocasiones de las que estamos dispuestos a asumir; y no debemos sentirnos débiles o culpables por ello. Pero sí convertir cada una de las decepciones en un nivel más de aprendizaje y evolución de nuestras capacidades para relacionarnos con los demás.
Como sucede con todo en esta vida, todo aquello que se construye sobre las bases de una realidad maquillada o enmascarada acaba por desvelarse y caerse el telón del teatro que nosotros mismos hemos levantado. Es en este punto cuando se vuelve inviable continuar engañándonos a nosotros mismos sobre la imagen que tenemos de alguien. Se produce entonces una crisis que puede dividirse en dos fases: La primera es la crisis que experimentamos con nuestro propio yo; nos culpamos de no haber visto la realidad antes de que llegara a hacernos daño.
Ésto no deja de ser una forma de lamentarnos de nosotros mismos y no nos lleva a ninguna conclusión ni consecución positiva. Lo único que hacemos es retroalimentar nuestro propio dolor. Posteriormente se produce la crisis de confrontación con la otra persona; aquella con la que hemos experimentado la decepción, y libramos un bombardeo de reproches y buscamos explicaciones para tratar de comprender qué pudo desencadenar ese "cambio" que nunca se ha producido; sólo ha emergido lo que ya estaba ahí. Este bombardeo en la mayoría de los casos suele derivar en la fase final de separación y distanciamiento; pues creemos que alejándonos del foco de la decepción disminuirá la huella que ésta deja en nosotros.
Lo más importante y valioso de estas experiencias, a priori negativas, es que terminan por convertirse en transformaciones de nuestra propia concepción de los demás; y sobretodo de nuestra forma de adquirir mecanismos que nos van a servir en gran medida a la hora de conocer a otras personas. Gracias a ésto, podemos detectar con mayor facilidad indicios en las personas que llegan a nuestra vida, a lo largo de nuestro camino; de que ciertas personas tienen mayor predisposición a llevarnos a una decepción como las que ya hemos vivido. Todo ello nos vuelve más selectivos a la hora de abrirle las puertas a una persona . Visto desde una perspectiva externa puede parecer que nos convertimos en personas desconfiadas; personas que ven fantasmas del pasado proyectados en las demás personas que aparecen en nuestras vidas.
Pero yo quiero matizar que no animo a las personas a cerrar completamente las puertas de su alma; pero sí que aconsejo la necesidad de abrir una aduana social que nos evite vernos abocados a una serie de relaciones con personas tóxicas o que no aportan nada constructivo a nuestras vidas.
Sobre el papel suena muy fácil adquirir estas herramientas y discriminar qué nos aporta felicidad y qué nos interpone obstáculos en nuestro camino. Pero la realidad es que en ocasiones sufrimos decepciones ( y tristemente suele ser éste la mayoría de los casos) de personas que han llegado a adherirse a lo más profundo de nuestra alma; como puede ser un familiar, una pareja o incluso un amigo de toda la vida.
Como ocurre con todo en este Universo, regido por una serie de leyes físicas, cuanto mayor es la intensidad de la influencia positiva de una persona sobre nosotros mayor es el dolor y el sentimiento de vacío que nos genera la pérdida o decepción personal en estos casos.
Es por ello que siempre, independientemente de nuestra circunstancia personal y de las personas a las que estemos ligados; debemos construir un "seguro", un salvavidas que asiente sus pilares sobre nuestra propia felicidad y confort para-con nosotros mismos. Dicho de otra modo; necesitamos estar preparados para tener una estabilidad emocional en la que no necesitemos nada más que a nosotros mismos. Ésto no solo nos ayudará a sentirnos mejor cuando algo falle en nuestras vidas, sino también a no reclamar y cargar sobre los demás los anhelos y necesidades que no somos capaces de adquirir por nosotros mismos.
Para concluir, quiero hacer hincapié en un aspecto que ha provocado numerosas veces conflictos internos que si no se atajan en su debido momento pueden convertirse en losas que cargamos durante toda nuestra vida. Se trata del "síndrome de negación". Este síndrome se caracteriza por ser nada más y nada menos que un escudo que interponemos entre nuestra alma y mente contra la realidad; que no somos capaces de aceptar. Es fundamental entender, y quiero cerrar el tema con ello, que no nos ayudará a largo plazo negar la realidad. Debemos enfrentar nuestros propios demonios y reconstruir nuestra propia concepción del mundo si es necesario. Porque vivir a la sombra del miedo nos convierte en "zombies sociales".
jueves, 27 de julio de 2017
domingo, 5 de marzo de 2017
Trabajar, comer, dormir
La asociación entre enfermedades mentales y desordenes en el sueño es algo que está bastante demostrado y que, de hecho, puede ser un condicionante o atenuante de ello.
Pero hay que tener en cuenta, que muchas personas sin presentar síntomas de enfermedad mental, experimentan desordenes del sueño provocados por diferentes factores también asociados a la psique; pero no necesariamente a desequilibrios genéticos u hormonales.
Más bien a los factores externos; el estrés laboral, la presión estudiantil... La ansiedad asociada a traumas también es una respuesta de nuestro organismo, para alertarnos de que algo no va bien con nosotros mismos. Que no estamos en paz porque algo nos perturba.
No es casualidad que en EEUU el consumo de ansiolíticos e hipnóticos para regular el sueño se ha disparado tanto que la estadística nos dice que 1 de cada 3 americanos consume ese tipo de fármacos (farmacéuticas frotándose las manos mientras digo esto)
Incluso la regulación de los horarios de invierno y de verano, que supuestamente están ideados para maximizar la eficiencia, solo ayuda y mejora los resultados de la maquinaria producción/consumo que a los neoliberales les gusta tanto mantener bien activa. Pero biológicamente al individuo le produce un estado de confusión y desequilibrio.
Los científicos comentan la necesidad de ver la luz del sol por la mañana, como estimulante para activar el estado de vigilia-despertar. ¿ Cuántas veces la gente se ha quejado de que está todo oscuro cuando se levantan?
¿ Cuántas veces en verano nos hemos dado cuenta de que son las 8 de la noche pero es de día?
Lo cual es algo aparentemente "normal" debido a la traslación de la Tierra, pero que los gobiernos han decidido EXPLOTAR para aumentar la actividad tanto laboral como de consumo en la sociedad.
Además, debemos pensar en el hecho de que la Revolución Industrial en sus inicios, en el siglo XIX, trajo consigo una serie de cambios en la forma en que concebíamos el tiempo laboral. Jornadas de 9 a 12 horas antes de los movimientos sindicales.
Se trató de llegar a un consenso, a mediados del siglo XX, y se estableció de forma "globalizada" la normalización de una jornada de 8 horas. Son múltiples los estudios que sugieren la ineficiencia de ese tipo de horario,
junto con la aplicación de turnos y horarios partidos.
Con el surgimiento del "Nuevo Orden Mundial", tras la Segunda Guerra Mundial, se necesitaba generar una nueva conciencia del trabajo y atender a la nueva necesidad de tiempo de ocio que demandaba una sociedad en crecimiento tanto económico como cultural. La fórmula empleada para establecer la separación entre este tiempo de ocio y el laboral se convirtió en un problema. Como consecuencia, se sacrificó el tiempo que dedicábamos a dormir y surgió la idea equívoca de: "dormir es una pérdida de tiempo" y "El dinero nunca duerme".
La forma en que los directores de esta "orquesta" llamada Mundo Globalizado manipularon e influenciaron en nuestra concepción de la vida laboral llegó hasta tal punto que se aleccionó y moldeó a la sociedad, para adaptarla a las exigencias de la maquinaria capitalista, desde una edad temprana. Así, podemos ver como en los colegios e institutos se adaptaron las jornadas lectivas al del mundo laboral; e incluso se añadió el ingrediente secreto del "estrés" en época de exámenes para prepararlos como futuros buenos engranajes del Sistema. Es imposible no pensar en ésto y que venga a mi mente las imágenes del videoclip "Another brick in the wall".
De media, un empleado de jornada partida está fuera de casa el 60 o 70% del tiempo. El otro 20% durmiendo y el 10% lo tiene para el ocio. Hablaba hace poco con alguien de la esclavitud y el trabajo forzado en la actualidad; no hace falta....
Con este sistema económico actual, somos instrumentos de la maquinaria global. Estimulados con "pildoras" que nos mitigan el sentimiento de opresión y nos autoengañamos. Como ejemplos de ésto son; el anhelo de que llegue el fin de semana o la semana de vacaciones cada 6 meses.
Toda la presión a la que sometemos al organismo, durante el periodo lectivo o laboral, se ve saturado y en ocasiones esas vacaciones o fin de semana nos las pasamos durmiendo. Porque el organismo necesita regenerarse,
recuperarse, pero no basta.
Actualmente existen gobiernos, que casualmente fueron los precursores del Estado de Bienestar, que están optando por un cambio sustancial de la forma en que concebimos el trabajo.
Desde una reducción del horario activo hasta la implementación de entornos de trabajo con rincones "libres de estrés"; para hacer paradas en medio de la jornada. Con resultados sorprendentes en el rendimiento general y por individuo.
Estamos entrando en una nueva Era; en la que la sociedad va a vivir la llegada al entorno laboral de la Inteligencia Artificial y la robótica avanzada. Ésto provocará al principio una actitud de miedo y rechazo, ante la posibilidad de perder nuestros puestos de trabajo y nuestro medio de vida.
Pero ya hay países que están dando un paso para adelantarse a esta nueva Era, ajustando la concepción y la organización actual del trabajo para hacer más fácil esta transición y evitar una revuelta social.
En mi opinión, los gobiernos occidentales deben tener la suficiente visión de futuro como para no rezagarse a la hora de seguir los pasos de los países nórdicos; que fueron capaces de sobreponerse a la última gran Crisis Económica con su Estado de Bienestar y que actualmente se preparan para la llegada de la robótica a todos los sectores. Es necesario un cambio de mentalidad que estimule el desarrollo creativo y la eficiencia de nuestros trabajadores frente a la concepción mecanicista y anticuada de principios del Siglo XX.
Es la hora de que prevalezca el uso de nuestro tiempo para estimular el crecimiento cultural y científico de nuestra civilización frente a la visión del hombre como un mero instrumento de la maquinaria productiva.
lunes, 13 de febrero de 2017
Mi abuela
A lo largo de la vida, las personas viven miles de experiencias día a día que las configuran de una u otra forma hasta conformarse la persona que realmente son.
Estas experiencias son en ocasiones positivas. Pero las que de verdad suelen dejar una impronta en nosotros son aquellas, amargas o agridulces, que nos afectan a nuestra forma de concebir el mundo y a nosotros mismos.
Hace muy poco, una de estas experiencias amargas ha llegado a mi vida y a la de las personas más importantes que me rodean. Se trata de la repentina aparición de esa sombra oscura que nos acecha a todos y que su propia palabra produce un tabú; el temor de invocarla con tan solo nombrarla. Me refiero, como muchos ya habrán podido imaginar, al cáncer.
Mi abuela comenzó a manifestar síntomas anormales de pérdida de visión y mareos, hará unas dos semanas. Al principio todos nosotros tratamos, en general, de no darle mucha importancia; posiblemente debido a nuestra incapacidad para concebir que algo malo le pueda pasar a la persona que queremos. Pero pronto, todo se volvió oscuro y el tiempo parecía detenerse cuando nos informaron de que tenía alojado un tumor en la cabeza, cerca del ojo.
Pasaron varios días en los que mi familia trataba de asimilar todo lo que estaba ocurriendo de repente, sin avisar. Porque lo que tiene esa sombra oscura es que aparece sin dar tiempo a nada ni a nadie.
Pronto llegó un halo de esperanza; cuando los médicos que la observaban apuntaron la posibilidad, casi con certeza, de que se tratara de un tumor benigno operable. Es en estas ocasiones cuando nos damos cuenta de la desesperación y anhelo que sentimos de aferrarnos a un hilo de esperanza que nos empuje a levantarnos y acompañar en esa lucha que a mi abuela le había tocado librar.
Cuando sucede algo así, las personas tienden a manifestar lo más profundo de sus almas. Dejan al descubierto su personalidad en su estado más puro. La mayor parte del tiempo nos comportamos adaptándonos al juego de la vida; pero es en estas ocasiones cuando quitas esas máscaras y dejas ver tu esencia.
Además; la asimilación de un suceso negativo que nos afecta directamente o a alguien a quien queremos, se expresa de formas muy dispares entre las personas. Algunas asumen un rol de fortaleza; actúan como contrafuertes para los demás y para la persona afectada. Otras son más débiles, y se refugian en el cariño de los demás como una búsqueda de llenar ese vacío que experimentan ante el dolor. Finalmente, están las que tienden al aislamiento y a la negación, por su incapacidad para enfrentar la realidad más cruda.
Es importante para mi hacer entender que no hay una reacción ante el dolor que sea mejor o peor que otra; solo son diferentes manifestaciones que nuestras emociones tienen de la realidad. En estos momentos, para mi, lo más importante es que los lazos que nos unen entre todos los que formamos parte de la vida de mi abuela se vuelvan aún más fuertes ahora que nos toca esperar, tener paciencia y no perder nunca la esperanza.
Siempre he sabido lo importante que ha sido y es mi abuela en mi vida y en la de mi familia. Desde que tengo memoria ella ha sido una figura que ha actuado como lazo inquebrantable de aquellos que la rodean; y en concreto de mi familia.
Ella me ha enseñado desde que soy muy pequeño los valores y los principios que inculcó a mi madre; que yo trato día a día de mantener vivos. También me ha enseñado el preciado regalo que nos otorga formar parte de una familia unida; y toda su vida y su dedicación han ido enfocadas a cuidarnos y darnos el amor que solo una madre y abuela pueden darnos.
Ahora que se acerca el momento de su recuperación, tras haber logrado eliminar esa amenaza oculta, he decidido escribirle ésto. Con la intención de darle las gracias por todo lo que he aprendido de ella; por estar siempre ahí animándome a luchar por mis sueños. Por ver en mi el valor de mi mismo, que muchas veces me cuesta ver; y por ser siempre un apoyo en los momentos difíciles, no sólo para mí; sino para todas las personas que quiero.
Sé que no puedo comparar mi unión y relación con ella como la que tiene un hijo con su madre; pero lo que ha ocurrido en estas últimas semanas me ha hecho sentir la sombra del miedo ante la posibilidad de perder a mi propia madre. Una madre es una figura muy importante en nuestras vidas que, su presencia permanente, nos hace muchas veces olvidar que algún día ya no estarán.
Se produce un vacío y un cambio en nuestra forma de ver el mundo cuando esa figura desaparece; y muchas veces nos quedamos con la pena y el remordimiento ante la posibilidad de no haberle agradecido lo suficiente todo lo que ha sido para nosotros. Un simple abrazo y unas palabras de cariño que nos olvidamos de otorgar a esa persona tan importante para nosotros; y que sentimos que ahora ya es tarde.
Sólo deseo que todo ésto termine de forma positiva y que pronto puedas leerlo, para que sepas que nunca dejaré de valorar y demostrar lo importante que es mi madre para mi. Que no dejaré que me venza la desesperanza ante la consecución de mis metas y que trataré de hacerte sentir orgullosa de mi. Una vez más, gracias.
Estas experiencias son en ocasiones positivas. Pero las que de verdad suelen dejar una impronta en nosotros son aquellas, amargas o agridulces, que nos afectan a nuestra forma de concebir el mundo y a nosotros mismos.
Hace muy poco, una de estas experiencias amargas ha llegado a mi vida y a la de las personas más importantes que me rodean. Se trata de la repentina aparición de esa sombra oscura que nos acecha a todos y que su propia palabra produce un tabú; el temor de invocarla con tan solo nombrarla. Me refiero, como muchos ya habrán podido imaginar, al cáncer.
Mi abuela comenzó a manifestar síntomas anormales de pérdida de visión y mareos, hará unas dos semanas. Al principio todos nosotros tratamos, en general, de no darle mucha importancia; posiblemente debido a nuestra incapacidad para concebir que algo malo le pueda pasar a la persona que queremos. Pero pronto, todo se volvió oscuro y el tiempo parecía detenerse cuando nos informaron de que tenía alojado un tumor en la cabeza, cerca del ojo.
Pasaron varios días en los que mi familia trataba de asimilar todo lo que estaba ocurriendo de repente, sin avisar. Porque lo que tiene esa sombra oscura es que aparece sin dar tiempo a nada ni a nadie.
Pronto llegó un halo de esperanza; cuando los médicos que la observaban apuntaron la posibilidad, casi con certeza, de que se tratara de un tumor benigno operable. Es en estas ocasiones cuando nos damos cuenta de la desesperación y anhelo que sentimos de aferrarnos a un hilo de esperanza que nos empuje a levantarnos y acompañar en esa lucha que a mi abuela le había tocado librar.
Cuando sucede algo así, las personas tienden a manifestar lo más profundo de sus almas. Dejan al descubierto su personalidad en su estado más puro. La mayor parte del tiempo nos comportamos adaptándonos al juego de la vida; pero es en estas ocasiones cuando quitas esas máscaras y dejas ver tu esencia.
Además; la asimilación de un suceso negativo que nos afecta directamente o a alguien a quien queremos, se expresa de formas muy dispares entre las personas. Algunas asumen un rol de fortaleza; actúan como contrafuertes para los demás y para la persona afectada. Otras son más débiles, y se refugian en el cariño de los demás como una búsqueda de llenar ese vacío que experimentan ante el dolor. Finalmente, están las que tienden al aislamiento y a la negación, por su incapacidad para enfrentar la realidad más cruda.
Es importante para mi hacer entender que no hay una reacción ante el dolor que sea mejor o peor que otra; solo son diferentes manifestaciones que nuestras emociones tienen de la realidad. En estos momentos, para mi, lo más importante es que los lazos que nos unen entre todos los que formamos parte de la vida de mi abuela se vuelvan aún más fuertes ahora que nos toca esperar, tener paciencia y no perder nunca la esperanza.
Siempre he sabido lo importante que ha sido y es mi abuela en mi vida y en la de mi familia. Desde que tengo memoria ella ha sido una figura que ha actuado como lazo inquebrantable de aquellos que la rodean; y en concreto de mi familia.
Ella me ha enseñado desde que soy muy pequeño los valores y los principios que inculcó a mi madre; que yo trato día a día de mantener vivos. También me ha enseñado el preciado regalo que nos otorga formar parte de una familia unida; y toda su vida y su dedicación han ido enfocadas a cuidarnos y darnos el amor que solo una madre y abuela pueden darnos.
Ahora que se acerca el momento de su recuperación, tras haber logrado eliminar esa amenaza oculta, he decidido escribirle ésto. Con la intención de darle las gracias por todo lo que he aprendido de ella; por estar siempre ahí animándome a luchar por mis sueños. Por ver en mi el valor de mi mismo, que muchas veces me cuesta ver; y por ser siempre un apoyo en los momentos difíciles, no sólo para mí; sino para todas las personas que quiero.
Sé que no puedo comparar mi unión y relación con ella como la que tiene un hijo con su madre; pero lo que ha ocurrido en estas últimas semanas me ha hecho sentir la sombra del miedo ante la posibilidad de perder a mi propia madre. Una madre es una figura muy importante en nuestras vidas que, su presencia permanente, nos hace muchas veces olvidar que algún día ya no estarán.
Se produce un vacío y un cambio en nuestra forma de ver el mundo cuando esa figura desaparece; y muchas veces nos quedamos con la pena y el remordimiento ante la posibilidad de no haberle agradecido lo suficiente todo lo que ha sido para nosotros. Un simple abrazo y unas palabras de cariño que nos olvidamos de otorgar a esa persona tan importante para nosotros; y que sentimos que ahora ya es tarde.
Sólo deseo que todo ésto termine de forma positiva y que pronto puedas leerlo, para que sepas que nunca dejaré de valorar y demostrar lo importante que es mi madre para mi. Que no dejaré que me venza la desesperanza ante la consecución de mis metas y que trataré de hacerte sentir orgullosa de mi. Una vez más, gracias.
La lluvia
Es extraño el efecto que provoca la lluvia en las personas. A menudo, cuando se habla de ella, suelen existir disparidad de opiniones a la hora de decidir si les gusta o no.
A unos la lluvia les reconforta, por ejemplo, la humedad del aire o el sonido de las gotas golpeando el marco de la ventana. Son estímulos positivos para esas personas que dicen "adoro la lluvia".
En mi caso, no sé si debido a algún trauma del pasado o si se trata de la nostalgia de un verano más que dejo atrás; pero la realidad es que la lluvia provoca en mí un sentimiento de apatía y desgana que me atrapa entre los muros y las ventanas de mi casa; y por ende, me hace sentir que se me escapa el tiempo, las experiencias no vividas ahí fuera y en definitiva, la vida.
Es también curioso como la lluvia suele desencadenarme dolores de cabeza. Hasta ahora no sé si se trata de algún efecto secundario de un traumatismo del pasado o si simplemente es producto de mi mente; pero responde así a mi rechazo al mal tiempo.
Para mí es muy aceptable que ciertas personas digan que les gusta la lluvia y que disfrutan de ella; o aquellos que se mantienen en una posición neutral y sostienen que la lluvia les gusta pero para estar tirados en el sofá de sus casas.
Lo que es innegable de todo ésto que estoy hablando es que el clima influye significativamente en el estado de ánimo de las personas. La clave para sostener esta idea viene de la gran cantidad de datos sobre índices de depresión, suicidios y adicción al alcohol en los países nórdicos y del Este. Ésto ya no se trata de una especulación o una visión subjetiva de los hechos; se trata de una realidad que viven todas aquellas personas que deben adaptarse a un entorno donde los días en invierno duran escasas horas, las temperaturas son muy bajas y si no es la lluvia es la nieve la que domina las calles durante gran parte del año.
En ocasiones he leído que el clima condiciona incluso la personalidad, y para mi es innegable que ésto es absolutamente cierto. Al igual que se ven esos índices altos de depresión en los países nórdicos, pese a tener un nivel de vida con un promedio alto y muy buenos servicios sociales.
En el caso yuxtapuesto, podría hablar del caso de Cuba. A menudo, cuando hablo de Cuba, las personas que vienen de allí coinciden en afirmar que en la isla no existe la depresión. Al principio me resultó exagerado e incluso chocante; pero cuanto más lo pensaba más razones veía para darles la razón. En cuba las condiciones de vida no son muy altas y el acceso a la mayoría de privilegios del mundo occidental es más limitado. Pero, aún así, cuando viajas a ese país y descubres sus rincones, notas el sol tostando tu piel y te infectas del buen humor y carisma de sus gentes, te das cuenta que efectivamente no puede existir la depresión en un sitio así.
En definitiva; lo que quiero decir con todo ésto es que la lluvia nos aporta infinitos beneficios para la Tierra y para nosotros mismos. Pero cuando naces y creces en un lugar donde prácticamente no sale el sol o la lluvia te impide disfrutar tranquilamente de estar en la calle, tu personalidad se configura de una forma muy diferente a la de aquellos que crecen tostados por el sol caliente, el agua templada y las calles abarrotadas de gente que se animan a compartir el buen tiempo.
Escribo ésto siendo yo mismo un canario que se siente muchas veces atrapado por la lluvia incesante que cae en la ciudad; y que no puede evitar la necesidad de que el sol brille para él haciéndole sentir en casa.
A unos la lluvia les reconforta, por ejemplo, la humedad del aire o el sonido de las gotas golpeando el marco de la ventana. Son estímulos positivos para esas personas que dicen "adoro la lluvia".
En mi caso, no sé si debido a algún trauma del pasado o si se trata de la nostalgia de un verano más que dejo atrás; pero la realidad es que la lluvia provoca en mí un sentimiento de apatía y desgana que me atrapa entre los muros y las ventanas de mi casa; y por ende, me hace sentir que se me escapa el tiempo, las experiencias no vividas ahí fuera y en definitiva, la vida.
Es también curioso como la lluvia suele desencadenarme dolores de cabeza. Hasta ahora no sé si se trata de algún efecto secundario de un traumatismo del pasado o si simplemente es producto de mi mente; pero responde así a mi rechazo al mal tiempo.
Para mí es muy aceptable que ciertas personas digan que les gusta la lluvia y que disfrutan de ella; o aquellos que se mantienen en una posición neutral y sostienen que la lluvia les gusta pero para estar tirados en el sofá de sus casas.
Lo que es innegable de todo ésto que estoy hablando es que el clima influye significativamente en el estado de ánimo de las personas. La clave para sostener esta idea viene de la gran cantidad de datos sobre índices de depresión, suicidios y adicción al alcohol en los países nórdicos y del Este. Ésto ya no se trata de una especulación o una visión subjetiva de los hechos; se trata de una realidad que viven todas aquellas personas que deben adaptarse a un entorno donde los días en invierno duran escasas horas, las temperaturas son muy bajas y si no es la lluvia es la nieve la que domina las calles durante gran parte del año.
En ocasiones he leído que el clima condiciona incluso la personalidad, y para mi es innegable que ésto es absolutamente cierto. Al igual que se ven esos índices altos de depresión en los países nórdicos, pese a tener un nivel de vida con un promedio alto y muy buenos servicios sociales.
En el caso yuxtapuesto, podría hablar del caso de Cuba. A menudo, cuando hablo de Cuba, las personas que vienen de allí coinciden en afirmar que en la isla no existe la depresión. Al principio me resultó exagerado e incluso chocante; pero cuanto más lo pensaba más razones veía para darles la razón. En cuba las condiciones de vida no son muy altas y el acceso a la mayoría de privilegios del mundo occidental es más limitado. Pero, aún así, cuando viajas a ese país y descubres sus rincones, notas el sol tostando tu piel y te infectas del buen humor y carisma de sus gentes, te das cuenta que efectivamente no puede existir la depresión en un sitio así.
En definitiva; lo que quiero decir con todo ésto es que la lluvia nos aporta infinitos beneficios para la Tierra y para nosotros mismos. Pero cuando naces y creces en un lugar donde prácticamente no sale el sol o la lluvia te impide disfrutar tranquilamente de estar en la calle, tu personalidad se configura de una forma muy diferente a la de aquellos que crecen tostados por el sol caliente, el agua templada y las calles abarrotadas de gente que se animan a compartir el buen tiempo.
Escribo ésto siendo yo mismo un canario que se siente muchas veces atrapado por la lluvia incesante que cae en la ciudad; y que no puede evitar la necesidad de que el sol brille para él haciéndole sentir en casa.
jueves, 5 de febrero de 2015
Réquiem por la Empatía
A menudo las personas sienten la necesidad de ayudar a otros, aunque en ocasiones ni siquiera conozcan a la persona que están ayudando. Muchas veces nos ocurre ésto y no nos paramos a pensar cuál puede ser el origen de esa necesidad o voluntad que nos mueve hacia el altruismo, o al menos lo que parece serlo.
La empatía es un término que suele emplearse cada vez con mayor asiduidad para expresar la capacidad que tenemos para comprender a otras personas en un momento de dolor, tristeza o desesperación. La empatía nos ayuda a dejar, por un momento, nuestra burbuja de egoísmo e individualismo; para poder sentir lo que la persona que tenemos delante pueda estar sintiendo.
A priori podría considerarse que esta capacidad es una ventaja y una cualidad en la personalidad de alguien. Lo que ocurre en realidad es que la empatía puede llegar a convertirse en nuestro punto más débil; puede hacernos vulnerables y volverse un obstáculo para sobrevivir en el mundo que actualmente habitamos. Hoy en día ya no hay lugar para la empatía ni el altruismo, nos conducen constantemente a llevar una lucha permanente para abrirnos un hueco en la sociedad.
Nos educan desde la infancia a ser competitivos; a buscar colocarnos por encima de nuestro compañero de pupitre académicamente. En el deporte vemos como se persigue siempre el éxito personal, incluso en los deportes o juegos de equipo lo que normalmente importa (aunque se diga en un nivel de lenguaje subliminal) es quién consigue más puntos, quién marca más goles y en definitiva se nos prepara para un mundo en el que es conditio sine qua non buscar nuestro éxito personal aunque sea a costa de los demás.
Además de ésto, vemos como constantemente se nos bombardea en la televisión, la radio y los periódicos con noticias e imágenes de atrocidades que están sucediendo en otras partes del mundo o incluso en nuestro propio país. Pueblos enteros que son arrasados por grupos paramilitares de facciones religiosas extremistas en África, bombardeos incesantes sobre población civil en Palestina por un país "amigo" al que no les rendimos ningún tipo de cuentas.
Y todo ello lo contemplamos desde la posición cómoda y protegida de nuestros salones a la hora del almuerzo. En algunos casos estas noticias producen cierta conmoción, que nos lleva a soltar algún tipo de comentario ante lo "sobrecogedor" del asunto. Pero, en otros casos, vemos como nos circula la información por delante de nuestros ojos y a través de nuestros oídos sin que altere ni tan siquiera nuestro semblanteM mientras masticamos un trozo de carne con la mirada perdida en un punto fijo del televisor.
Pero es que la muerte agónica de la empatía no solo se puede observar a través de las pantallas en nuestros hogares; sino que asistimos diariamente al gran teatro de la vida cuando salimos a la calle y nos cruzamos, a nuestro paso hacia el supermercado, con una persona sentada en el suelo con aspecto claramente descuidado, portando casi siempre un cartel que eludimos; sin preguntarnos porqué lo hacemos.
Y si resulta que sí lo miramos, pues nos mueve la curiosidad de saber que le lleva a pedir en la calle, muchas de las veces jugamos a un juego sutil en el que empleamos miradas de soslayo. Permitiéndonos descubrir lo que reza el cartel sin que los demás, incluido el propio mendigo, sean concientes de que estamos leyéndolo.
Pero iría más allá, diría que incluso queremos hacerlo de forma que ni tan siquiera nosotros mismos seamos concientes de que lo estamos haciendo. Es aquí donde se esconde el misterioso origen del "altruismo" en la sociedad.
Como sabemos, el altruismo teóricamente se trata de llevar a cabo algo en beneficio de otras personas sin que por ello recibas nada a cambio. Pues bien, el altruismo es otra cosa bien distinta en la práctica y se puede resumir en esa mirada de soslayo a la puerta del Mercadona. Tenemos en nuestro interior una parte de nosotros mismos que, aunque se neutralice durante nuestro proceso de madurez, sigue estando presente en fase de hibernación. Estoy hablando de la empatia o el sentimiento de culpabilidad, como me gusta llamarlo a mi.
Esta culpabilidad atormenta nuestra conciencia en algunas ocasiones cuando estamos disfrutando de las ventajas de ser un superviviente de esta sociedad. Cuando vamos a entrar a ese supermercado estamos a punto de disfrutar de esa ventaja, que nos permite comprar comida e incluso muchas veces algún capricho. Y si nuestra mente no está "en paz" vamos a sentirnos incómodos.
Ahí es donde está la culpabilidad, y esa persona sentada en la acera a la espera de un gesto altruista sabe que tú sentirás esa culpabilidad; y juega con ello siendo un superviviente a su manera. A niveles más altos de riqueza y ostentación de poder, las personas viven con un nivel de vida y de privilegios que en ocasiones mueve sus conciencias aburridas de una vida de placeres y comodidades.
Éstos son los orígenes de las organizaciones sin ánimo de lucro y de las fundaciones. Aunque como leía una vez en un ensayo sobre el comportamiento de la clase alta incluso estas expresinoes altruistas están manchadas por la naturaleza depredadora de los miembros de esta clase social. Es la forma que tienen los poderosos de decirle a sus iguales "tengo tanto dinero que puedo permitirme dar todo este dinero". Además les granjea beneficios en la imagen que proyectan hacia el resto de la sociedad.
Por ello, no pued más que decir que la empatía está en vías de extinción y el ser humano va camino de su propia destrucción; pues se empeñan tanto en mantener su estatus de confort que obvian todo lo que se desmorona a su alrededor. Sin entender que la única forma de lograr que él mismo y sus hijos puedan asegurarse el mantenimiento de ese estatus es participando en la lucha para sostener el de los demás.
Ésta es la principal causa del fracaso del experimento democrático en España; y es culpa de una educación individualista. Nuestra única salvación está en recolocar las piezas de este ajedrez y asegurarnos de que nuestros hijos se moldeen en un sistema educativo que no les premie por ser el primero de la clase; que no les diga que los problemas de Próximo Oriente no nos afectan ni podemos cambiarlos, ni que les hagan creer que la política es cosa de una raza diferente de hombres y mujeres fríos e impersonales; sino que todos formamos parte de ella.
Que la empatía no nos sobrecoja fugazmente cada tarde durante el telediario, sino que marque nuestro día a día emprendiendo acciones pequeñas desde las posibilidades de cada uno para cambiar la realidad que nos rodea. Y, así, nos estaremos salvando a nosotros mismos.
martes, 3 de febrero de 2015
La identidad sexual
No siempre se ha asociado la expresión sexual que se aleje del molde heterosexual y monógamo con algo poco común o fuera de las reglas de lo políticamente correcto. En las culturas de la Antigüedad, la sexualidad estaba muy presente en la sociedad en todas sus manifestaciones y asumida con naturalidad; libre de cualquier tipo de prejuicio.
En estas culturas como por ejemplo la Romana, que es la más reconocible y fácil de extrapolarnos a ella; las relaciones sexuales constituían una parte fundamental y cotidiana de las vidas de sus ciudadanos. Tanto es así, que además de en la intimidad de las domus de cada cual, era corriente que se encontrasen incluso en festividades o celebraciones religiosas; como en las que se veneraba a un Dios con un apetito sexual insaciable; asociado a la imagen de un fauno en la mitología Romana y denominado "Pan" en la Griega.
Pero, además de ésto, nos podíamos encontrar con auténticas bacanales romanas que contenían todo tipo de actividades. Desde comidas grandiosas, música o recitales, a auténticas orgías; en las que sus invitados daban rienda suelta a sus instintos más primarios. Aquí es cuando quiero llegar al núcleo del tema a abordar en este escrito, en este aparente "desmadre" y libertinaje nos encontramos con algo que, en nuestro mundo tal cual hoy lo concebimos ( o por lo menos hasta hace bien poco), es completamente extraño.
Entre los encuentros sexuales que en estas fiestas se celebraban, existían muy usualmente encuentros entre personas de un mismo sexo. Estas personas de ninguna forma se definían a si mismas como homosexuales, ni tampoco como bisexuales; simplemente tenían una absoluta libertad de expresión sexual.
Es entonces cuando comenzamos a cuestionarnos porqué, si desde entonces tenían tan asumida con naturalidad que las relaciones sexuales no pueden ajustarse a los moldes que mencionaba al inicio de este escrito, nos ha costado tanto e incluso hoy nos cuesta deshacernos de los prejucios y tabúes asociados a la sexualidad. La razón, seguramente, todos ya la tengan en mente; y está asociada al atraso y letargo del avance de la humanidad en muchos ámbitos tanto culturaes como científicos. Estamos hablando de la gran Era de la cristiandad.
El mundo occidental vivió un cambio trascendental, que ya se venía gestando desde los últimos tiempos del Imperio Romano y que, con la caída del mismo, dio lugar al surgimiento de una sociedad, en prácticamente toda Europa, sumida bajo el yugo de la dogmática religión cristiana. Su poder iba más allá del religioso; estaba presente en la política y la educación.
Todo pasaba por el control y filtro de una estructura religiosa que reprimió cualquier expresión que su jerarquía considerase "poco cristiana", o que atentara contra la "voluntad de Dios".
Esa supuesta voluntad divina nos contaba, a través de un conjunto de parábolas y palabras recogidas de un emisario de Dios, cómo debíamos comportarnos, relacionarnos con los demás, pensar y en definitiva vivir.
Entre las cosas que pasaron por el influjo de esta Era se encontraba la sexualidad. Todo lo relacionado con ella se convirtió en algo más que un tabú; ahora comenzamos a vivir como se imponía la idea de que solo se podía concebir las relaciones entre un hombre y una mujer, y cualquier relación extramatrimonial era condenada tanto por la divinidad como por las autoridades políticas (aunque en la práctica ésto era incontrolable).
Incluso iban más allá, y el propio "placer" era reprimido y concebido como un pecado. La mujer no podía mostrar bajo ninguna circunstancia que disfrutaba del acto sexual; pues su sentido único era el de procrear y traer al mundo descendencia.
Por supuesto las relaciones homosexuales se comenzaron a considerar contranatura y generaban rechazo o incluso odio cualquier expresión sexual de este tipo. Con el paso de los siglos ésto se mantuvo en las bases de la moralidad y los patrones de conducta de la sociedad.
Pero, como era previsible, en la intimidad y fuera del alcance de los ojos inquisitores estas prácticas continuaron existiendo. En la actualidad, aunque hemos conseguido despojarnos de muchos de los prejuicios y dogmas impuestos por la jerarquía religiosa, o podemos deshacer siglos de establecimiento de unos pensamientos y sobretodo de unos tabúes.
Estamos viviendo, posiblementem una revolución en cuanto a libertad de expresión sexual; que se puede palpar en las calles, en la televisión e incluso en los propios hogares. En los que alguno de sus miembros asume y declara su condición homosexual o bisexual.
La peor lacra contra la que actualmente debemos luchar y nos enfrentamos diariamente en la sociedad es la asociación de homosexualidad o bisexualidad con libertinaje; es la visión de las personas con esta identidad sexual como promiscuos, sin ningún tipo de moralidad o seriedad.
Los que no tienen madurez ni seriedad son aquellos que están cargados de prejuicios y miedos; pues todo se basa en el miedo a lo que desconocen o se aleja de lo que les han enseñado durante años. Pero, en realidad, no dejan de ser víctimas de siglos de represión cultural.
Por eso, en cierta manera las personas que fueron pioneras en asumir su homosexualidad actuaron con rebeldía; liberandose de la presión de tener que esconder una parte de ellos mismos. Ésto los llevaba muchas veces a actuar de forma promiscua; aunque tampoco debería ser juzgado, pero que no deja de ser un acto de rebeldía.
Existe una realidad, más usual de lo que muchos somos capaces de asumir, personas que se declaran completamente heterosexuales y que incluso se sienten realmente como heterosexuales pero a lo largo de sus vidas viven episodios en los cuales experimentan momentos puntuales de homosexualidad. Y ésto ocurre con más frecuencia de la que podemos imaginar; mas casi nunca es asumido por dichas personas ya que lo esconden presionados por los convencionalismos sociales.
En el caso contrario, nos encontramos con personas que se sienten homosexuales pero están tan influidos por los dogmas, impuestos por la religión y arraigados posteriormente en la cultura social, que viven toda la vida (o prácticamente toda ella) negándolo.
A lo largo de la Historia en ciertos contextos como son las guerras, o cuando las personas se encuentran en condiciones atípicas como es la carcel, se observa como muchas personas vievn experiencias homosexuales. Que van más allá de la propia mentalidad de la persona; responde a algo más básico y primario que son los instintos.
Las respuestas biológicas (hormonales) nos inducen en estas circunstancias a saciar estos apetitos, que son heredados de nuestra condición animal.
Ésto es así tanto en el mundo de los humanos como, obviamente, en el de los animales. En la vida de la gran mayoría de especies animales son usuales las relaciones sexuales entre machos; desmontando la teoría de que los animales solo tienen relaciones para procrear. Aquí se esconde la clave de mi idea; pues considero que es la base más firme para sostener que la heterosexualidad es única y exclusivamente producto de la sociedad. Somos, en definitiva, bisexuales por naturaleza pero reprimimos inconscientemente bajo el influjo de nuestra condición animal social, una parte de nuestra sexualidad.
viernes, 30 de enero de 2015
El ideal de belleza
Desde los primeros años de vida de una persona, y sobretodo de una mujer, somos preparados para un mundo en el que se establecen unos canon de belleza de los cuales parte nuestra catalogación hacia los demás y hacia nosotros mismos como "guapos" o "feos". Esto sucede muchas veces de forma casi subliminal; discreta, sutil.
No somos muchas veces nosotros mismos o nuestros padres conscientes que estamos asistiendo al adiestramiento de nuestros hijos para que se fijen en una chica que lleve el pelo largo y cuidado, que tenga los ojos claros o tenga una figura esbelta. Tampoco nos damos cuenta, pero condicionamos a nuestras hijas para que estén muy pendientes de su propia imagen física; y les enseñamos a cuidar esa misma imagen al comprarles "sets de maquillajes", muñecas a las cuales se les puede peinar o cambiar la ropa que lleven.
Todo ésto lo absorben las niñas y las prepara para un mundo en el que van a ser juzgadas por su aspecto físico continuamente. Pero hay algo que debemos tener en cuenta; la idea de belleza no ha sido nunca estática o inmutable. Esta idea de belleza ha variado con el paso del tiempo, y la evolución de las sociedades. Al igual que no es concebida en un mismo contexto temporal de la misma forma en distintas culturas o lugares. Y esto es importante tenerlo presente para entender lo superflua y carente de importancia que es la idea de belleza.
Cuando en la Antigüedad se observaba a una mujer con una constitución gruesa; de prominentes senos y anchas caderas, inmediatamente era catalogada como una mujer atractiva. Ésto era así porque se relacionaban estas características físicas con indicadores de feminidad y fertilidad. Actualmente, como podemos apreciar en las revistas de moda, los concursos de belleza o en nuestra propia vida diaria no se corresponde con la realidad que vivimos. La delgadez, la altura, los ojos claros o los labios gruesos son ahora algunos de los aspectos que destacan y atraen en una mujer.
Todo está influenciado por la forma en que evoluciona la sociedad; por cómo influye la opinión o los cánones que establecen las personas o los medios con poder para tener ese tipo de influencia en la sociedad. Estamos continuamente siendo manipulados por dichos grupos de influencia para que nos vistamos de una forma determinada, nos peinemos de otra o nos fijemos en aquel o aquella chica antes que en otro u otra. Otra cuestión de gran importancia para mí, que observo constantemente en mi vida o en el mundo que puedo ver a través de los medios de comunicación es el hecho de que la mujer, en este juego, no ocupa una posición igual a la del hombre. Ésto es así porque las mujeres en este mundo, como dije antes, están siendo juzgadas constantemente por su apariencia física. Y cargan sobre ella mucha más presión de la que, asumámoslo, puede llegar a soportar un hombre.
Pero esto tiene su lado positivo también; pues la belleza femenina es considerablemente más admirada y reconocida que la del hombre incluso entre las mismas mujeres. Lo cual no deja de ser un arma de doble filo. Es observable como, al igual que es valorada, la mujer está siendo juzgada por su forma de vestir o por sus características físicas constantemente por otras mujeres. Incluso me aventuraría a decir que la gran mayoría de las veces en las que se la juzga ha sido otra mujer la que ha tenido una actitud inquisitiva contra ella. Esto es algo que me resulta indignante y triste.
La mujer ha buscado en los últimos años lograr su independencia y autorrealización personal fuera de la tutela o la infravaloración de los hombres; sin darse cuenta que su mayor enemigo es ella misma. Los miedos, inseguridades, recelos y prejuicios cargan como una pesada losa sobre la espalda de la mujer, y la impide avanzar en la consecución y logro de su meta; su verdadera liberación. Un ejemplo es el mundo laboral; donde, increíblemente, todavía se antepone el aspecto físico de la empleada a la hora de ser contratada en determinados puestos de trabajo. Sus logros o fracasos en este mundo están influidos por su aspecto en una proporción absolutamente superior que en el caso del hombre. Sobre este punto, he podido observar otra tendencia que peligrosamente se está volviendo cada vez más cotidiana en el mundo empresarial. Muchas veces, cuando he trabajado o he estado en un negocio que es dirigido por una pareja o en la que la mujer del dueño tiene presencia directa o indirectamente la influencia de su opinión se plasma en la elección de las mujeres que trabajan allí. Aunque parezca algo extraño, a priori, las chicas contratadas no suelen ser atractivas. Trás reflexionarlo y observarlo en diferentes ocasiones he llegado a la conclusión de que este patrón de elección atiende a la inseguridad y recelo de la dueña o esposa del dueño; que considera una amenaza contratar a una chica atractiva. Considero que ésto es una lacra contra la que debemos luchar. Y me hace replantearme si verdaderamente las mujeres que más sufren los ideales de belleza, o los prejuicios son las "poco agraciadas". O si, por el contrario, lo son las más atractivas. Que sufren el hecho de ser valoradas por su físico y eso nuble o anule sus demás cualidades. Pero mucho más triste e indignante me resulta cuando las personas están tan influenciadas por los parámetros de belleza que se niegan a aceptar cuando se sienten atraídos por una persona que se salga de los parámetros socialmente aceptados; o que, si se dejan llevar, mantengan oculta su relación por el miedo a ser juzgados por los demás. No nos sintamos cohibidos porque consideremos que no nos encontramos dentro de lo que se encuadra como idea de belleza.
Debemos adquirir confianza y seguridad en nosotros mismos; aceptar nuestros defectos sin ocultarlos, pues querer ocultarlos sólo provoca que se hagan más visibles. Debemos potenciar aquello que nos guste de nosotros mismos y no darle la espalda a nuestro reflejo cada mañana al encontrarnos frente al espejo. Porque el secreto de la belleza está en la actitud; nuestra actitud puede ser el mayor de nuestros atractivos o el peor de nuestros enemigos. Y sobretodo, no confundamos la idea de mostrarnos atractivos con la de vestirnos de forma que, como suele decirse, dejemos poco espacio a la imaginación. La gran mayoría confunde enseñar más con ser más atractivo; y la sutileza, la erótica, se pierde en el camino.
No somos muchas veces nosotros mismos o nuestros padres conscientes que estamos asistiendo al adiestramiento de nuestros hijos para que se fijen en una chica que lleve el pelo largo y cuidado, que tenga los ojos claros o tenga una figura esbelta. Tampoco nos damos cuenta, pero condicionamos a nuestras hijas para que estén muy pendientes de su propia imagen física; y les enseñamos a cuidar esa misma imagen al comprarles "sets de maquillajes", muñecas a las cuales se les puede peinar o cambiar la ropa que lleven.
Todo ésto lo absorben las niñas y las prepara para un mundo en el que van a ser juzgadas por su aspecto físico continuamente. Pero hay algo que debemos tener en cuenta; la idea de belleza no ha sido nunca estática o inmutable. Esta idea de belleza ha variado con el paso del tiempo, y la evolución de las sociedades. Al igual que no es concebida en un mismo contexto temporal de la misma forma en distintas culturas o lugares. Y esto es importante tenerlo presente para entender lo superflua y carente de importancia que es la idea de belleza.
Cuando en la Antigüedad se observaba a una mujer con una constitución gruesa; de prominentes senos y anchas caderas, inmediatamente era catalogada como una mujer atractiva. Ésto era así porque se relacionaban estas características físicas con indicadores de feminidad y fertilidad. Actualmente, como podemos apreciar en las revistas de moda, los concursos de belleza o en nuestra propia vida diaria no se corresponde con la realidad que vivimos. La delgadez, la altura, los ojos claros o los labios gruesos son ahora algunos de los aspectos que destacan y atraen en una mujer.
Todo está influenciado por la forma en que evoluciona la sociedad; por cómo influye la opinión o los cánones que establecen las personas o los medios con poder para tener ese tipo de influencia en la sociedad. Estamos continuamente siendo manipulados por dichos grupos de influencia para que nos vistamos de una forma determinada, nos peinemos de otra o nos fijemos en aquel o aquella chica antes que en otro u otra. Otra cuestión de gran importancia para mí, que observo constantemente en mi vida o en el mundo que puedo ver a través de los medios de comunicación es el hecho de que la mujer, en este juego, no ocupa una posición igual a la del hombre. Ésto es así porque las mujeres en este mundo, como dije antes, están siendo juzgadas constantemente por su apariencia física. Y cargan sobre ella mucha más presión de la que, asumámoslo, puede llegar a soportar un hombre.
Pero esto tiene su lado positivo también; pues la belleza femenina es considerablemente más admirada y reconocida que la del hombre incluso entre las mismas mujeres. Lo cual no deja de ser un arma de doble filo. Es observable como, al igual que es valorada, la mujer está siendo juzgada por su forma de vestir o por sus características físicas constantemente por otras mujeres. Incluso me aventuraría a decir que la gran mayoría de las veces en las que se la juzga ha sido otra mujer la que ha tenido una actitud inquisitiva contra ella. Esto es algo que me resulta indignante y triste.
La mujer ha buscado en los últimos años lograr su independencia y autorrealización personal fuera de la tutela o la infravaloración de los hombres; sin darse cuenta que su mayor enemigo es ella misma. Los miedos, inseguridades, recelos y prejuicios cargan como una pesada losa sobre la espalda de la mujer, y la impide avanzar en la consecución y logro de su meta; su verdadera liberación. Un ejemplo es el mundo laboral; donde, increíblemente, todavía se antepone el aspecto físico de la empleada a la hora de ser contratada en determinados puestos de trabajo. Sus logros o fracasos en este mundo están influidos por su aspecto en una proporción absolutamente superior que en el caso del hombre. Sobre este punto, he podido observar otra tendencia que peligrosamente se está volviendo cada vez más cotidiana en el mundo empresarial. Muchas veces, cuando he trabajado o he estado en un negocio que es dirigido por una pareja o en la que la mujer del dueño tiene presencia directa o indirectamente la influencia de su opinión se plasma en la elección de las mujeres que trabajan allí. Aunque parezca algo extraño, a priori, las chicas contratadas no suelen ser atractivas. Trás reflexionarlo y observarlo en diferentes ocasiones he llegado a la conclusión de que este patrón de elección atiende a la inseguridad y recelo de la dueña o esposa del dueño; que considera una amenaza contratar a una chica atractiva. Considero que ésto es una lacra contra la que debemos luchar. Y me hace replantearme si verdaderamente las mujeres que más sufren los ideales de belleza, o los prejuicios son las "poco agraciadas". O si, por el contrario, lo son las más atractivas. Que sufren el hecho de ser valoradas por su físico y eso nuble o anule sus demás cualidades. Pero mucho más triste e indignante me resulta cuando las personas están tan influenciadas por los parámetros de belleza que se niegan a aceptar cuando se sienten atraídos por una persona que se salga de los parámetros socialmente aceptados; o que, si se dejan llevar, mantengan oculta su relación por el miedo a ser juzgados por los demás. No nos sintamos cohibidos porque consideremos que no nos encontramos dentro de lo que se encuadra como idea de belleza.
Debemos adquirir confianza y seguridad en nosotros mismos; aceptar nuestros defectos sin ocultarlos, pues querer ocultarlos sólo provoca que se hagan más visibles. Debemos potenciar aquello que nos guste de nosotros mismos y no darle la espalda a nuestro reflejo cada mañana al encontrarnos frente al espejo. Porque el secreto de la belleza está en la actitud; nuestra actitud puede ser el mayor de nuestros atractivos o el peor de nuestros enemigos. Y sobretodo, no confundamos la idea de mostrarnos atractivos con la de vestirnos de forma que, como suele decirse, dejemos poco espacio a la imaginación. La gran mayoría confunde enseñar más con ser más atractivo; y la sutileza, la erótica, se pierde en el camino.
jueves, 29 de enero de 2015
La Música
La música es algo que existe prácticamente desde los orígenes de la humanidad; incluso voy más allá: la música existe desde que el mundo comenzó a existir.
Para mí, la música no es algo que esté en nuestro mundo como un mero entretenimiento o distracción más. La música es algo que está en todas y cada una de las cosas que hacemos y vivimos. Esto puede sonar, visto desde fuera, como una frase trascendente y etérea para adornar lo que escribo; pero lo que significa la música es mucho más de lo que normalmente somos conscientes.
Todos coincidimos en que la música es un arte; y como tal, es creado por la inspiración, imaginación y creatividad del artista que lo compone. Incluso en la persona que lo interpreta, sin haberla compuesto o escrito ella misma.
Desde los orígenes de la civilización hasta la actualidad la música ha sido un medio por el cual las personas y los grupos sociales nos hemos expresado; nos hemos liberado de aquello que está en nuestro interior y que no sabemos expresar mediante las palabras únicamente.
Si bien es cierto la música, al igual que sucede con todas las demás variantes de las artes, no son del todo libres ni puras. Puesto que la pureza e originalidad de cada creación artística está completa y absolutamente influenciada por su contexto cultural, histórico y social. Un música del siglo XVII no va a crear una misma obra si su contexto de forjación como artista hubiese sido otro. Como por ejemplo los años de posguerra en el siglo XX.
Tampoco es lo mismo haberla creado en Europa, en Estados Unidos o China. Lo que quiero decir con esto es que todos los artistas, bajo mi visión, tienen un lenguaje diferente dependiendo de las circunstancias que le rodeen en el proceso creativo. Pero independientemente de ello, un verdadero artista va a usar ese lenguaje para expresar lo que su alma trata de decir al mundo, o incluso a sí mismo.
Lo que ocurre con todas las artes, y esta no se escapa, es que son víctimas muchas veces de la necesidad de generar una creación que se asegure su hueco en el mundo comercial. Siendo de esta forma recibida, la creación, con gran aceptación por la mayoría de la misma.
Aquí es cuando se destruye la idea misma del arte; cuando se subordina una creación a la comercialización.
Hoy en día, tristemente, estamos asistiendo a una expansión de este mal en todo el mundo artístico. Las canciones ya no se generan en procesos creativos "libres", ofreciéndose al mundo tal cual nació.
Ahora nos encontramos con que todo un equipo, dentro de los sellos discográficos, manipula y reconstruye las canciones de forma que su éxito a nivel comercial quede asegurado.
La fórmula consiste en una base repetitiva y superlativa junto con una letra prácticamente sin ningún tipo de profundidad y un estribillo pegadizo. Todo esto es lo que se busca y se produce; como en una cadena de montaje, para que nosotros lo consumamos.
Muchas personas al leer esto se ofenderán, y a su mente vendrá una lista de artistas que no se ajustan a esta idea. A ellos les digo; tienen razón, pero son solo rebeldes, solitarios, revolucionarios.
La música debe dejar de una vez por todas de estar supeditada a la idea de que un día debe llegar a obtener grandes beneficios. La música debe seguir siendo libre y ser sentida.
Porque esaes la única forma en la que el arte puede expresarse. Cuando tú presencias la interpretación de una obra que ha sido verdaderamente sentida por el artista es cuando tú también eres capaz de sentirla.
Y la música se puede sentir y vivir en todos y cada uno de los momentos que vivimos. Incluso en los momentos más cotidianos de nuestra vida, si nos ponemos los auriculares y escuchamos la música correcta, ese momento se convierte en algo trascendental. Todo adquiere otro significado, otro color, cuando está presente.
Para mí, debo reconocer que tiene mucha importancia; porque gracias a ella he disfrutado a lo largo de mi vida de momentos, en los cuales, sin ella, no habría podido disfrutar de la misma manera. También ha estado presente en todas las películas que he disfrutado. La manera en que la música puede hacer que una escena, aparentemente normal, estremezca tus sentidos no puede describirse. Pero es justo en esa sincronía perfecta donde se esconde el secreto del arte.
La música no solo puede acompañar tu vida, mejorar la experiencia de ver una película o una obra de arte; es incluso capaz de transportarte a lugares y momentos que ya has vivido; haciéndote sentir en ese preciso instante y lugar con la única necesidad de colocar una nota detrás de otra.
Puede pasar de hacerte sentir que eres inmortal, y el mundo es un lugar lleno de posibilidades y aventuras, a hacerte reflexionar, sentirte completamente solo y diminuto en el universo.
La música puede servir para entretenernos, divertirnos y hacernos sentir bien. Pero que eso no se convierta en la excusa perfecta para asesinar y silenciar el verdadero papel del artista.
Porque debemos tener presente que una canción puede ser la causante de una historia de amor; puede dar lugar a una reconciliación o un reencuentro. Puede hacer que un momento se quede guardado en tu memoria por siempre como no hubiese sido posible sin ella. E incluso, la música puede ser la causa por la que se despierte el genio creativo de un poeta, de un director de cine o un escritor.
La música es vida, porque en la vida todo es música.
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