viernes, 30 de enero de 2015

El ideal de belleza

Desde los primeros años de vida de una persona, y sobretodo de una mujer, somos preparados para un mundo en el que se establecen unos canon de belleza de los cuales parte nuestra catalogación hacia los demás y hacia nosotros mismos como "guapos" o "feos". Esto sucede muchas veces de forma casi subliminal; discreta, sutil.
No somos muchas veces nosotros mismos o nuestros padres conscientes que estamos asistiendo al adiestramiento de nuestros hijos para que se fijen en una chica que lleve el pelo largo y cuidado, que tenga los ojos claros o tenga una figura esbelta. Tampoco nos damos cuenta, pero condicionamos a nuestras hijas para que estén muy pendientes de su propia imagen física; y les enseñamos a cuidar esa misma imagen al comprarles "sets de maquillajes", muñecas a las cuales se les puede peinar o cambiar la ropa que lleven.

Todo ésto lo absorben las niñas y las prepara para un mundo en el que van a ser juzgadas por su aspecto físico continuamente. Pero hay algo que debemos tener en cuenta; la idea de belleza no ha sido nunca estática o inmutable. Esta idea de belleza ha variado con el paso del tiempo, y la evolución de las sociedades. Al igual que no es concebida en un mismo contexto temporal de la misma forma en distintas culturas o lugares. Y esto es importante tenerlo presente para entender lo superflua y carente de importancia que es la idea de belleza.

Cuando en la Antigüedad se observaba a una mujer con una constitución gruesa; de prominentes senos y anchas caderas, inmediatamente era catalogada como una mujer atractiva. Ésto era así porque se relacionaban estas características físicas con indicadores de feminidad y fertilidad. Actualmente, como podemos apreciar en las revistas de moda, los concursos de belleza o en nuestra propia vida diaria no se corresponde con la realidad que vivimos. La delgadez, la altura, los ojos claros o los labios gruesos son ahora algunos de los aspectos que destacan y atraen en una mujer.

Todo está influenciado por la forma en que evoluciona la sociedad; por cómo influye la opinión o los cánones que establecen las personas o los medios con poder para tener ese tipo de influencia en la sociedad. Estamos continuamente siendo manipulados por dichos grupos de influencia para que nos vistamos de una forma determinada, nos peinemos de otra o nos fijemos en aquel o aquella chica antes que en otro u otra. Otra cuestión de gran importancia para mí, que observo constantemente en mi vida o en el mundo que puedo ver a través de los medios de comunicación es el hecho de que la mujer, en este juego, no ocupa una posición igual a la del hombre. Ésto es así porque las mujeres en este mundo, como dije antes, están siendo juzgadas constantemente por su apariencia física. Y cargan sobre ella mucha más presión de la que, asumámoslo, puede llegar a soportar un hombre.

Pero esto tiene su lado positivo también; pues la belleza femenina es considerablemente más admirada y reconocida que la del hombre incluso entre las mismas mujeres. Lo cual no deja de ser un arma de doble filo. Es observable como, al igual que es valorada, la mujer está siendo juzgada por su forma de vestir o por sus características físicas constantemente por otras mujeres. Incluso me aventuraría a decir que la gran mayoría de las veces en las que se la juzga ha sido otra mujer la que ha tenido una actitud inquisitiva contra ella. Esto es algo que me resulta indignante y triste.

La mujer ha buscado en los últimos años lograr su independencia y autorrealización personal fuera de la tutela o la infravaloración de los hombres; sin darse cuenta que su mayor enemigo es ella misma. Los miedos, inseguridades, recelos y prejuicios cargan como una pesada losa sobre la espalda de la mujer, y la impide avanzar en la consecución y logro de su meta; su verdadera liberación. Un ejemplo es el mundo laboral; donde, increíblemente, todavía se antepone el aspecto físico de la empleada a la hora de ser contratada en determinados puestos de trabajo. Sus logros o fracasos en este mundo están influidos por su aspecto en una proporción absolutamente superior que en el caso del hombre. Sobre este punto, he podido observar otra tendencia que peligrosamente se está volviendo cada vez más cotidiana en el mundo empresarial. Muchas veces, cuando he trabajado o he estado en un negocio que es dirigido por una pareja o en la que la mujer del dueño tiene presencia directa o indirectamente la influencia de su opinión se plasma en la elección de las mujeres que trabajan allí. Aunque parezca algo extraño, a priori, las chicas contratadas no suelen ser atractivas. Trás reflexionarlo y observarlo en diferentes ocasiones he llegado a la conclusión de que este patrón de elección atiende a la inseguridad y recelo de la dueña o esposa del dueño; que considera una amenaza contratar a una chica atractiva. Considero que ésto es una lacra contra la que debemos luchar. Y me hace replantearme si verdaderamente las mujeres que más sufren los ideales de belleza, o los prejuicios son las "poco agraciadas". O si, por el contrario, lo son las más atractivas. Que sufren el hecho de ser valoradas por su físico y eso nuble o anule sus demás cualidades. Pero mucho más triste e indignante me resulta cuando las personas están tan influenciadas por los parámetros de belleza que se niegan a aceptar cuando se sienten atraídos por una persona que se salga de los parámetros socialmente aceptados; o que, si se dejan llevar, mantengan oculta su relación por el miedo a ser juzgados por los demás. No nos sintamos cohibidos porque consideremos que no nos encontramos dentro de lo que se encuadra como idea de belleza.

Debemos adquirir confianza y seguridad en nosotros mismos; aceptar nuestros defectos sin ocultarlos, pues querer ocultarlos sólo provoca que se hagan más visibles. Debemos potenciar aquello que nos guste de nosotros mismos y no darle la espalda a nuestro reflejo cada mañana al encontrarnos frente al espejo. Porque el secreto de la belleza está en la actitud; nuestra actitud puede ser el mayor de nuestros atractivos o el peor de nuestros enemigos. Y sobretodo, no confundamos la idea de mostrarnos atractivos con la de vestirnos de forma que, como suele decirse, dejemos poco espacio a la imaginación. La gran mayoría confunde enseñar más con ser más atractivo; y la sutileza, la erótica, se pierde en el camino.

jueves, 29 de enero de 2015

La Música

La música es algo que existe prácticamente desde los orígenes de la humanidad; incluso voy más allá: la música existe desde que el mundo comenzó a existir. Para mí, la música no es algo que esté en nuestro mundo como un mero entretenimiento o distracción más. La música es algo que está en todas y cada una de las cosas que hacemos y vivimos. Esto puede sonar, visto desde fuera, como una frase trascendente y etérea para adornar lo que escribo; pero lo que significa la música es mucho más de lo que normalmente somos conscientes. Todos coincidimos en que la música es un arte; y como tal, es creado por la inspiración, imaginación y creatividad del artista que lo compone. Incluso en la persona que lo interpreta, sin haberla compuesto o escrito ella misma. Desde los orígenes de la civilización hasta la actualidad la música ha sido un medio por el cual las personas y los grupos sociales nos hemos expresado; nos hemos liberado de aquello que está en nuestro interior y que no sabemos expresar mediante las palabras únicamente. Si bien es cierto la música, al igual que sucede con todas las demás variantes de las artes, no son del todo libres ni puras. Puesto que la pureza e originalidad de cada creación artística está completa y absolutamente influenciada por su contexto cultural, histórico y social. Un música del siglo XVII no va a crear una misma obra si su contexto de forjación como artista hubiese sido otro. Como por ejemplo los años de posguerra en el siglo XX. Tampoco es lo mismo haberla creado en Europa, en Estados Unidos o China. Lo que quiero decir con esto es que todos los artistas, bajo mi visión, tienen un lenguaje diferente dependiendo de las circunstancias que le rodeen en el proceso creativo. Pero independientemente de ello, un verdadero artista va a usar ese lenguaje para expresar lo que su alma trata de decir al mundo, o incluso a sí mismo. Lo que ocurre con todas las artes, y esta no se escapa, es que son víctimas muchas veces de la necesidad de generar una creación que se asegure su hueco en el mundo comercial. Siendo de esta forma recibida, la creación, con gran aceptación por la mayoría de la misma. Aquí es cuando se destruye la idea misma del arte; cuando se subordina una creación a la comercialización. Hoy en día, tristemente, estamos asistiendo a una expansión de este mal en todo el mundo artístico. Las canciones ya no se generan en procesos creativos "libres", ofreciéndose al mundo tal cual nació. Ahora nos encontramos con que todo un equipo, dentro de los sellos discográficos, manipula y reconstruye las canciones de forma que su éxito a nivel comercial quede asegurado. La fórmula consiste en una base repetitiva y superlativa junto con una letra prácticamente sin ningún tipo de profundidad y un estribillo pegadizo. Todo esto es lo que se busca y se produce; como en una cadena de montaje, para que nosotros lo consumamos. Muchas personas al leer esto se ofenderán, y a su mente vendrá una lista de artistas que no se ajustan a esta idea. A ellos les digo; tienen razón, pero son solo rebeldes, solitarios, revolucionarios. La música debe dejar de una vez por todas de estar supeditada a la idea de que un día debe llegar a obtener grandes beneficios. La música debe seguir siendo libre y ser sentida. Porque esaes la única forma en la que el arte puede expresarse. Cuando tú presencias la interpretación de una obra que ha sido verdaderamente sentida por el artista es cuando tú también eres capaz de sentirla. Y la música se puede sentir y vivir en todos y cada uno de los momentos que vivimos. Incluso en los momentos más cotidianos de nuestra vida, si nos ponemos los auriculares y escuchamos la música correcta, ese momento se convierte en algo trascendental. Todo adquiere otro significado, otro color, cuando está presente. Para mí, debo reconocer que tiene mucha importancia; porque gracias a ella he disfrutado a lo largo de mi vida de momentos, en los cuales, sin ella, no habría podido disfrutar de la misma manera. También ha estado presente en todas las películas que he disfrutado. La manera en que la música puede hacer que una escena, aparentemente normal, estremezca tus sentidos no puede describirse. Pero es justo en esa sincronía perfecta donde se esconde el secreto del arte. La música no solo puede acompañar tu vida, mejorar la experiencia de ver una película o una obra de arte; es incluso capaz de transportarte a lugares y momentos que ya has vivido; haciéndote sentir en ese preciso instante y lugar con la única necesidad de colocar una nota detrás de otra. Puede pasar de hacerte sentir que eres inmortal, y el mundo es un lugar lleno de posibilidades y aventuras, a hacerte reflexionar, sentirte completamente solo y diminuto en el universo. La música puede servir para entretenernos, divertirnos y hacernos sentir bien. Pero que eso no se convierta en la excusa perfecta para asesinar y silenciar el verdadero papel del artista. Porque debemos tener presente que una canción puede ser la causante de una historia de amor; puede dar lugar a una reconciliación o un reencuentro. Puede hacer que un momento se quede guardado en tu memoria por siempre como no hubiese sido posible sin ella. E incluso, la música puede ser la causa por la que se despierte el genio creativo de un poeta, de un director de cine o un escritor. La música es vida, porque en la vida todo es música.

miércoles, 28 de enero de 2015

La maldición de las diosas

Los dioses terminaron de hacerte en el Olimpo, con el objetivo de regalarle al mundo una mujer preciosa, con todas las cualidades y todos los detalles que te hacen perfecta. Pero eras tan bella, que muchos de los hombres comenzaron a adorarte como a una diosa, e incluso algunos dioses peleaban entre si; decidiendo si dejarte permanecer en la tierra o traerte de vuelta al Olimpo. Las diosas, al ver esto, decidieron que no podías seguir siendo perfecta y te maldijeron con una marca que aparecía al antojo de las diosas. Tú no sabías por qué te había pasado, por qué los dioses te habían maldecido con eso. Y cada vez que te salía llorabas y llorabas, y no dejabas que nadie se te acercara. Pero un día, apareció un hombre que nunca antes te había visto, pero que había oído muchas cosas de ti. Le habían dicho que eras perfecta, que habías sido hecha por los dioses, como tributo a los devotos humanos; pero no era conocedor de tu maldición. Fue hasta ti para verte aunque fuera una vez, recorriendo casi todo el mundo conocido solo para verte, y cuando te vio, tú no quisiste que se acercara, porque, desde que te maldijeron, tenías miedo de enamorarte de alguien y que te rechazara al conocer tu maldición; o de que las diosas, envidiosas, despertaran, una vez más, la maldición y alejarlo de ti. Pero él insistió de mil maneras, no se rindió por nada del mundo. Delante de tu puerta. Hasta que te atreviste a verlo, conocerlo. Aunque sentía que ya te amaba, él se enamoró al momento de ti, y tú sentiste algo diferente a lo que habías sentido por otros hombres. Y tal fue tu sorpresa y tu felicidad que te olvidaste de tu maldición. Hasta que un día las diosas contemplaron cuan feliz eras con él y no lo querían permitir. Enviaron sobre ti la maldición y lloraste como nunca; pensabas que lo ibas a perder para siempre, pero aunque él no sabía nada de tu maldición, en cuanto la vio, sonrió y miró al cielo. Tú te quedaste perpleja, no sabías si enfadarte o preguntarle por qué sonreía, pero no hizo falta. Se acercó a ti, te abrazó, tú no podías entender nada de lo que estaba pasando, y le preguntaste: "¿Cómo puedes sonreír y abrazarme después de haberme visto así?". Y él, apartándote el perfecto pelo que tenías, acariciándote tu perfecta piel, mirando tus perfectos ojos y deseando besar tus perfectos labios, dijo: "Me siento feliz porque la envidia de las diosas me ha permitido tenerte a mi lado, pues si no estuvieras marcada por la imperfección humana, ya te hubieran reclamado en el olimpo, y nunca hubieras sido mía”. Las palabras de ese hombre que viajó desde tan lejos solo para verte, y que esperó durante meses, incluso años hasta que le dejaras mirarte, te cambiaron por completo, sentiste que ya no tendrías que preocuparte por nada más, y que debías dar gracias por haber sido marcada, pues de otra forma nunca lo hubieras conocido. Tu amor hacia él creció, y llegó un momento que fue más fuerte que la maldición. Pasó mucho tiempo hasta que volvió a aparecer. Las diosas se dieron cuenta de que no solo te envidiaban porque los dioses te adoraran y te quisieran en el olimpo, sino que se dieron cuenta de que te envidiaban porque tu tenías algo que ellas no podían tener: el amor verdadero y remotamente imposible para los dioses, dos personas destinadas a estar juntas, y la posibilidad de vivir una vida terrenal junto a esa persona, una vida caduca, en la cual se aprecia y se vive cada momento; que para un dios es un suspiro y son incapaces de apreciar. Por ello, las diosas siguieron marcándote cada cierto tiempo, para que no fueras tan feliz y provocar que te sintieras desafortunada. Pero esa persona que entró en tu vida se propuso cambiar eso, y cada vez que te maldecían, de todas las maneras, él te amaba más, te atendía más, te miraba con más deseo y adoración; hasta que consiguió que te sintieras segura y lo aceptaras, como parte de tu lado humano, como parte de ti, y lo consideraras mas que una maldición una bendición, porque te permitió ser feliz a su lado.

LA MUERTE

No todos concebimos la muerte de la misma forma; ni la afrontamos con la misma actitud. La muerte, independientemente de que lo queramos o no está presente en nuestra vida. No solo en el momento en el que nos acercamos a ella, sino en todas y cada una de las etapas de nuestra vida. Muchas personas viven sus vidas tratando de obviarla, ocultarla o escapar de la idea de la misma. Otros, en cambio, viven de forma que nos hacen pensar que carecen de ese temor; llevando una vida de excesos y arriesgando sus vidas. Como si tuviesen la certeza de que no van a despertar al día siguiente. Podemos pensar y reflexionar sobre las distintas formas en que los seres humanos afrontamos la idea de la muerte, pero lo que verdaderamente tiene importancia para mi en este momento, y lo que me ha llevado a escribir esto, es el porqué del temor a la conclusión de la vida misma. Diariamente veo a mi alrededor a todo tipo de personas; pertenecientes, en muchos casos, a grupos socio-económicos diferentes que reflejan en sus caras o en su forma de comportarse que se sienten sumidos en una rutina de vida que les asfixia. Sienten en muchos casos verdadero hastío por su existencia. Esas personas apenas tienen tiempo de pararse muchas veces a hacer un ejercicio de reflexión sobre sus vidas; y eso, al fin y al cabo, es bueno. Es bueno porque les permite liberarse de la carga, el peso de la conciencia que ha desarrollado la especie humana ante la fugacidad de nuestra propia existencia dentro del universo. Esa es una de las razones principales por las cuales permanecen ocupados. Puesto que está más que comprobado que cuando permanecemos inactivos durante mucho tiempo tenemos más espacio para preguntarnos qué hacemos aquí. Es entonces cuando surgen muchas veces episodios depresivos o de ansiedad en personas que se encuentran en esta situación. Pero pensemos en el temor a la muerte que puede tener esa persona que está cansada de trabajar mas de diez horas al día; y que apenas puede llegar a fin de mes. O por el contrario, el temor a la muerte de una persona que no sabe qué hacer con su vida porque se siente perdida y su vida está vacía de emociones y experiencias gratificantes. ¿Cómo es posible que estas personas sientan temor a la muerte si son, a todas luces, infelices con su propia vida? Podríamos pensar que si en todo caso fueran ricos, famosos o tengamos un gran éxito en la vida estuviese más justificado ese temor a la muerte; puesto que en balance, al morir, éste último tiene mucho más que perder. Podría afirmar que nada más lejos de la realidad. En la gran mayoría de los casos estas personas con una vida “plena” están muchísimo menos pendientes de la fecha de caducidad de su existencia. Incluso existe una tendencia entre los miembros de la clase alta o adinerada de arriesgar sus vidas en actividades que, ni mucho menos, se ven obligados a hacer; consumen en muchos casos drogas o en definitiva llevan una vida en la que parecen estar continuamente retando a la muerte. Como si estuviesen tan seguros de si mismos que no existiese cabida para el temor a la muerte. Entonces, volviendo al tema que nos atañe, ¿Qué hace surgir ese temor a la muerte entre el común de los mortales? Al pensar en ello, desde mi propia existencia vital, aunque no hay sido lo suficientemente larga y rica como para ser una opinión relevante considero que la esencia de nuestro temor a la muerte se esconde en todas aquellas cosas que a lo largo de nuestra vida hemos ido soñando que nos gustaría realizar antes de morir; y nos invade el temor de que por azares de la vida nunca podamos llegar a cumplir. Pero es también el temor a no volver a ver a las personas que queremos. El temor a no oír la risa de la persona que amamos; el miedo a dejar atrás una vida, que aunque comprenda un montón de presiones y responsabilidades, sufrimientos y miedos, también guarda momentos increíbles que quedan en nuestra retina y en cada uno de nuestros sentidos. Es el miedo a dejar de emocionarse con una canción; a dejar de contemplar un paisaje que te corte la respiración. A dejar atrás, al fin y al cabo, la vivencia de tu propio mundo. Un mundo formado por tu familia, tus amigos, los lugares que frecuentas; los recuerdos de los momentos vividos e incluso el miedo a no estar presente al ver el crecimiento como personas de tus hijos o nietos. Por ello, la mejor manera de disminuir la presión de nuestro propio temor a la muerte es no darle tanta importancia a aquellas cosas que en el futuro, cuando ya no nos quede más tiempo para equivocarnos, podamos mirar a la muerte a los ojos y estar en paz con nuestra existencia al hacer retrospectiva. Debemos dedicar más tiempo a aquellas cosas que nos hagan sentir vivos; que nos den una excusa para querer seguir viviendo. Aún así, considero que el temor a la muerte, más allá de suprimirlo debe ser dominado. Debe ser enfocado hacia la consecución de todo aquello que nos aporte mejoras a nuestra vida, a la vida de nuestra sociedad. Porque si se elimina ese temor, la sociedad deja de estar alerta o concebir determinadas acciones como negativas para uno mismo o para los demás: lo cual nos podría llevar no a nuestra propia muerte, sino a la extinción de la humanidad. Aquí es cuando toma protagonismo una cuestión que se nos presenta a la hora de hablar sobre la muerte; y es la siguiente: ¿Conciben los animales la muerte de la misma forma que nosotros? Para responder a esta pregunta ha sido clave para mi entender lo último que he dicho sobre la necesidad del temor a la muerte. Está claro que ese temor es en gran parte un instinto primitivo, o de supervivencia. Es decir, como animales sociales que somos (pero animales, en definitiva) hemos desarrollado ese temor a la muerte durante nuestro periodo de existencia como “no sapiens”. Esto nos protegió durante todo el proceso evolutivo ante la extinción. Y esa es la clave del temor a la muerte que tienen los animales; es únicamente un mecanismo evolutivo de supervivencia de su especie. La diferencia con nuestro temor a la muerte, siendo seres racionales, es que ahora a ese instinto de supervivencia se le incluye un temor completa y absolutamente individualista. El ser humano ha desarrollado su ego personal de forma que su temor a la muerte ahora adquiere una forma más compleja. Ésto no quiere decir que el temor de los animales sea individualista también; puesto que cuando una cebra es perseguida va a estar concentrada en escapar del león, y no de que se salve su hermano. Pero la diferencia está en que en los grupos animales siempre existen “centinelas” que vigilan mientras los demás se alimentan, para prevenir cualquier ataque. El caso más característico es el de los suricatos. Otra gran diferencia con respecto a los animales es que los animales a lo largo de sus vidas no están preocupados o asustados por el paso del tiempo o el envejecimiento. Ni siquiera tratan de evitar esa vejez, como estamos empeñados nosotros en hacer. Para concluir, los animales están alerta ante la presencia de un depredador, o escapan cuando son perseguidos por uno que amenaza con devorarlos; y lo hacen por instinto. Nosotros vivimos en un mundo en el que hemos logrado eliminar nuestros posibles depredadores, aunque ahora lo seamos de nosotros mismos, pero por lo general cuando no nos estamos matando entre nosotros es la inevitable fugacidad del tiempo nuestra alerta ante la presencia de un posible depredador; y es la conciencia de nuestra irremediable mortalidad el depredador del que huimos con cada una de nuestras acciones.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Memorias de un revolucionario

Esta redacción la dedicaré a hablar de un libro que me leí hace un tiempo, creo recordar que a finales de 2007. En este libro se recogen las memorias de un soldado que participó en la Guerra Civil Española, en el bando republicano. El libro está escrito por él, pero no da su nombre real, sino que se esconde bajo un pseudónimo para mantenerse en el anonimato.
Les extrañará este hecho, pero, sin duda, el contexto en el que fue publicado por primera vez este libro explica el por qué. Su primera edición fue a mediados de los años setenta, y la situación por la que pasaba España después de la muerte de Francisco Franco era convulsa, y el ambiente estaba muy candente.
Hoy en día este libro ya no se edita, se detuvo la publicación del mismo en los años ochenta (seguramente para apaciguar los ánimos). Si yo conseguí leer este libro fue gracias a uno de mis tíos, que conociendo mi interés por la historia contemporánea, me lo cedió ( Y le tengo bastante aprecio, por lo que no tendría reparo alguno en volver a leerlo).
Hay una cosa que tengo que declarar, que es muy importante y que me resulta bastante significativo: y es el hecho de que mis conocimientos geográficos de España fueron puestos a prueba durante la lectura de este libro, porque nombra muchos lugares de España por donde este soldado pasó y yo me sentía desorientado en cierta manera cuando pretendía meterme en el contexto y la situación del escenario.
Por ello, decidí buscar en internet algunos de los lugares que nombraba: como son las sierras catalanas, donde resistieron la continua oleada de bombardeos por parte de los aviones cedidos por Mussolini o Hitler al ejército nacional.
Este libro puede resultar un poco escalofriante o desgarrador para personas sensibles. En él se cuentan cosas que dan pavor solo de imaginarlas; pero soy de las personas que aprecian mucho la realidad; y antes que leer una novela histórica que te meta en el contexto de la época pero que no te cuente la realidad tal como fue, prefiero leer la cruda realidad.
Hay una cosa que tengo que comentar de este libro, que me resultó muy interesante y sorprendente y me animó a la lectura de otro libro muy conocido. Se trata de la novela de Ernest Hemingway “Por quién doblan las campanas”, que tuvo mucha fama internacional y que cuenta la Guerra Civil con un leve toque de ficción; pero el caso es que este escritor tan famoso vino como corresponsal de guerra a España, en el bando republicano. Y en un hospital de Madrid estuvo charlando con un soldado que allí se encontraba y cogía notas continuamente de todo lo que le contaba el soldado mientras charlaban. Ese solado con el que habló Hemingway es el autor de esta autobiografía y para los que hayan leído esta fantástica novela, o estén pensando en leerla, recuerde que uno de los personajes que en ella aparece fue una persona real.
La forma en que está escrita esta autobiografía es muy personal e incita al lector a sentirse empático con el autor.
Por momentos sufres como él, te diviertes cuando él lo hace o te sorprendes casi de la misma forma como seguramente él se sorprendió.
Este libro me marcó mucho y me animó a leer más sobre este período histórico, y, claro está, verlo desde las dos caras de la moneda: tanto de un bando como del otro. Hasta ahora solo he leído libros escritos desde la postura del banco republicano o anarquista (Durante el periodo en que Cataluña estuvo bajo el “control” de la FAI o la CNT) pero nunca he leído un libro escrito desde la visión del bando nacionalista, así que esperaré a que se me presente la oportunidad.
Siempre me ha gustado mucho la historia, pero yo pienso que las clases de historia en los institutos se imparten de manera excesivamente objetiva; se dan datos y datos que los alumnos estudian para los exámenes, pero que desaparecen de la memoria útil. Son conocimientos que pasan fugazmente por la mente. El alumnado tiene que sentirse verdaderamente interesado en adquirir conocimientos.
Yo leo libros de historia y la vivo de una manera diferente. Si algún día llego a ser profesor de historia, una parte de la nota final de evaluación sería de lectura, y propondría libros (no demasiado densos) históricos, estoy seguro de que así se captarían muchos más conocimientos. Dar la oportunidad al alumno de tener en sus manos las dos caras de la moneda, manejar datos sacados de diversas fuentes y contrastarlas. Es así como se debería estudiar, y no con un libro de texto editado por uno o dos editores supeditados a un sistema de gobierno que les impone que deben plasmar y que no.
Pero bueno, en ningún momento he querido poner en tela de juicio la manera de impartir las clases de los profesores, sino todo lo contrario, estoy intentado dar una idea “revolucionaria” para la temática de la asignatura (Me sentiría orgulloso si se llevara a cabo mi idea).
Creo que me he ido un poco por las ramas, debo disculparme por este hecho.
Antes de acabar esta redacción, debo hacer hincapié en lo difícil que ha sido para mí elegir el libro que más me ha gustado. No me es fácil hacer una elección de este tipo.
Es como si me dijeran que debo elegir mí película favorita: estaría pensándolo mucho, mucho tiempo, y creo que mí respuesta no sería muy fiel a la realidad. Tanto en la lectura, como en el cine, como en la música; cada película, cada canción, cada libro nos aporta algo especial y diferente. Unos mucho, otros poco, pero nunca se puede decidir con cual quedarse y cuales desechar, porque son diferentes y eso nunca se puede hacer cuando aprecias el arte realmente.

domingo, 5 de diciembre de 2010

"Huérfanos del mal"

Se cree que las asociaciones lebensborn surgieron mucho antes de que Hitler se convirtiera en Káiser de Alemania.
El objetivo de estas organizaciones era “la limpieza racial” del pueblo germánico y la búsqueda de una raza aria perfecta que se colocara en una posición dominante por encima del resto de razas débiles e imperfectas.
Los “lebensborn” (fuente de vida) con la llegada del nazismo fueron administrados y dirigidos por personal de las SS. Que se encargaban de concretar citas a sus soldados con muchachas jóvenes que cumplieran los requisitos de pureza racial.
El objetivo no era otro que el de promover el aumento de la natalidad de la población aria. La raza que, según los planes de Hitler, sería la que llevaría al imperio de los mil años del pueblo germano a la dominación de toda Europa.
Después de ser revisadas por médicos las clasificaban dentro de los niveles de pureza racial; y quedaban encintas de los SS para finalmente ser llevadas a hostales -proporcionados por el partido- donde pasaban todo el embarazo bajo la atención y el seguimiento del personal de los lebensborn.
Al dar a luz el bebe pasa una revisión para comprobar que no sufre ningún tipo de deficiencia mental ni limitación física, además de comprobar que cumple con los requisitos necesarios para entrar dentro de las categorías arias.
Si por alguna razón (deficiencias, enfermedad congénita etc.) no supera esa revisión, un tribunal del Estado formado por miembros del partido y del consejo médico del país hacen hacen una valoración del caso y deciden si se procede a la eutanasia asistida o se le interna en un centro de tratamiento “especial”, que no significa otra cosa que ser destinados a centros donde son exterminados en cámaras de gas. Pero esto solo sucede cuando tienen entre 1-3 años.
Si es un recién nacido ni siquiera se somete a juicio el caso, se le administra una dosis de morfina que acaba con la vida de la criatura en cuestión de segundos.
Unas vez que el niño nace y pasa la revisión sin que se le localice ningún tipo de deficiencia, ni enfermedad congénita, o bajos niveles de pureza racial el niño es separado de su madre y es criado durante los primeros años de vida en los centros “lebensborn”; hasta que cumple la edad necesaria para ingresar en las “Hitlerjugend”.
Estos niños –teóricamente huérfanos– se convierten en los hijos de las SS (su padre) y de Alemania (su madre). Nunca llegan a conocer a sus padres biológicos; con el objetivo de alejarlos completamente de los vínculos afectivos que atan al alma humana a su familia. Ellos consideraban que estos vínculos sólo provocan que los futuros soldados fueran débiles y vulnerables.
De este modo solo viven por y para la Alemania Nazi. Entregándose completamente a la causa del partido y manipulándoles –e incluso suprimiéndoles– la personalidad y la consciencia individual.
Estos hijos de las SS reciben una educación absolutamente belicista además de racista; sin olvidar los juramentos con los que, desde que tienen “uso de razón”, entregan sus vidas a su Führer y a Alemania.
Y nunca mejor dicho; pues una vez que terminan de cursar todos los años en las escuelas de élite del partido se les “ofrece” la posibilidad de ingresar en el cuerpo de las SS. No es necesario aclarar que sería hipócrita considerar que alguno de estos manipulados y controlados “huérfanos del mal” pudiera rehusar ingresar en las SS, cuando desde que son niños les convencen de que su mayor aspiración debe ser pertenecer a esa “élite”.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Paseo por el amor y la muerte



Las guerras han provocado, durante siglos, muchos de los cambios más significativos en los ámbitos: económico, político y social. En las guerras el ser humano saca lo peor de sí mismo, pero también su mente y sus ojos se abren más, para contemplar la injusta realidad social que les toca vivir.
Con esto quiero decir que, además de la falta de alimentos y todo lo necesario para la existencia del ser humano en sociedad, en muchas ocasiones las guerras provocan que se desestabilice la pirámide de poder; como es el caso de la Guerra de los Cien Años que es en medio de esta guerra donde transcurre la película de “Paseo por el amor y la muerte”.
Como bien muestra esta película, el estado feudal, en el que los nobles se encuentran en la cúpula de poder - aunque tengan, teóricamente, por encima al rey, son éstos los que lo controlan todo - está muy presente en este momento histórico que muestra la película. La Guerra de los Cien Años enfrentó a ingleses con franceses por el control de los territorios conquistados por Inglaterra. Esta guerra desgastó en gran medida a las distintas generaciones que la vivieron debido a todo lo que duró. Trajo consigo: la miseria, la muerte, el hambre y finalmente una cruenta lucha de clases –momento reflejado en la película- que, a consecuencia de lo citado anteriormente, provocó que el pueblo se rebelara a sus señores feudales y ocuparan sus castillos y territorios movidos en gran medida por la desesperación y el instinto de supervivencia, pero además movidos por la consciencia de sí mismos como una clase que tiene poder para enfrentarse a los que antes servía bajo condiciones casi esclavistas.
Pero esto solo fue un destello, un espejismo de libertad que fue rápidamente contenido y reprimido por los señores feudales de la guerra. ¬Lo que queda completamente claro es que la lucha por la libertad está intrínsecamente ligada con el ser humano, y por ende siempre se producirán situaciones en las que el pueblo se enfrente al estado que lo oprime en pos de una utopía que, como su nombre indica, nunca alcanzarán. De forma simbólica en la película puede intuirse este hecho; cuando el personaje principal está a punto de llegar al mar. Incluso lo puede oír, oler, sentir…pero no verlo. Como tampoco logra ver la libertad.
En definitiva; las elites siempre se han encontrado, a lo largo de la historia, en una situación privilegiada en la que se han podido mantener gracias a la subyugación de las clases mayoritarias utilizando todo tipo de métodos que van, desde el uso de la violencia y la represión física, hasta el control y la manipulación socio-cultural de las masas. Pero no siempre se consigue mantener la estabilidad bajo estas circunstancias y eso se traduce en revoluciones. Y qué son las revoluciones si no el avance y el desarrollo del ser humano en sociedad, de los pasos que se dan en el sendero hacia la libertad plena y la verdadera democracia.

viernes, 22 de octubre de 2010

El cambio

¿Pueden las personas cambiar? No lo sé, realmente no lo sé. ¿Cómo podríamos saber si alguien es capaz de cambiar? O lo que es más importante: ¿Qué debemos considerar como cambio y qué no?
Las personas nacemos sin una personalidad definida, como es lógico. Pero eso sí, tenemos de nacimiento una carga genética que es de importante consideración, pues va a condicionar la forma de ser de dicha persona aún sin haber llegado a desarrollar una personalidad.
Desde la infancia hasta la adolescencia se va desarrollando la personalidad del individuo, que viene dada por una serie de condicionantes. Para empezar hay que nombrar la influencia que va a tener la educación que reciba por parte de sus padres desde que tenga uso de razón; también influirá la situación económica de su familia y por supuesto el grupo de amigos que tenga y el acceso a la cultura. Todo esto va a condicionar la personalidad en el nivel más superficial, pero los rasgos que van a caracterizarlo de forma más específica y definida van a estar intrínsecamente ligado a los genes.
Cuando llegamos a la madurez y comenzamos a entablar relaciones más complejas con otras personas, nuestros rasgos y nuestra forma de ser van a influenciar y condicionar nuestra capacidad de sociabilizarnos. Las personas con las que entablaremos amistad, o las personas con las que tengamos una relación sentimental, se ajustarán a nuestra forma de ser, y no siempre van a ser iguales, ni tendrán gustos o rasgos parecidos. Es más, es muy usual encontrarse con antagonismos entre dos personas que mantengan una relación sentimental o entre amigos. Es el equilibrio que se produce entre ellos, que se puede catalogar como “complementación mutua”, lo que permite que puedan mantenerse y ser fructíferas las relaciones de este tipo.
Podemos cambiar algunas características de nuestro comportamiento, además de pulir nuestra forma de ser. Algo que sucede con mucha frecuencia después de la adolescencia, cuando adquirimos mayor madurez y consciencia.
Pero lo que las personas no pueden pretender es dejar de ser quienes son. O que una mañana se despierten siendo aquello que desearían ser. Porque lo primero que debemos aprender en esta vida es a aceptarnos tal y como somos, para que en el momento que decidamos compartir nuestra vida con otra persona podamos aceptarla tal y como es, sin pretender que se ajuste o se moldee a nuestro gusto.
El problema de algunas personas es que no consiguen aceptarse a sí mismos y cuando se sienten solos o quieren formar una familia, lo único que buscan es que la pareja con la que estén pueda ser fácilmente manipulable. Sé que puede sonar un poco drástico e incluso inmoral, pero es la realidad que se vive en muchas relaciones. Que como es lógico no suelen llegar a un buen desenlace.
Algo que he descubierto con el paso del tiempo y al ir adquiriendo mayor madurez y consciencia de la realidad ha sido que las personas se empeñan en seguir juzgando a los demás en base a una diferenciación tan básica e incluso infantil que, considero, deberíamos deshacernos de ella con la misma facilidad con la que nos deshacemos de la inocencia durante la adolescencia. Esta diferenciación, tan conocida y usada, divide a las personas en dos categorías: Buenas y malas. Pero he aquí mi pregunta:¿ Qué criterios utilizamos para definir a alguien como una buena persona?
Es muy conocido también el dicho de que “cada persona es un mundo”; esta frase no es solo un tópico que suena bonito, es además un argumento de peso para echar por tierra ese encasillamiento “bueno-malo”. Cuando hablamos de una persona o cuando conocemos a una persona, solemos decir, en el caso de que nos caiga bien, primero algún defecto o criticamos alguna acción que nos gusta poco sobre esa persona. Pero inmediatamente, como por instinto, para no manchar la imagen de esa persona añadimos seguidamente una frase al estilo de “Pero en el fondo es buena gente” o “Es un buen chico en verdad”, como queriendo evitar lanzar un mensaje erróneo a nuestro receptor, que puede transformar las cosas que escucha sobre esa persona en una valoración simple e infantil: Es bueno o es malo.
Los filósofos han discutido durante siglos la naturaleza del hombre. Están los que afirman que somos buenos por naturaleza, mientras que otros por el contrario consideran que somos malignos.
A mi parecer no debería tan siquiera existir una discusión sobre dicho punto. Simplemente deberían recalcar los filósofos que los seres humanos, aunque cueste creerlo, no decidimos ni podemos decidir cómo somos.
Con ello no quiero exculpar a aquellos que han cometido todo tipo de atrocidades y crímenes contra nuestra misma especie. Pero sí me temo que debo justificarlos, pues todas sus acciones son explicables y porque son “víctimas” de una serie de circunstancias, en este caso adversas, que los han llevado a ser y hacer dichas atrocidades.
El origen del mal es tan científicamente y sociológicamente explicable como el origen de las especies.
Pero aquí se podría colar un debate que generaciones y generaciones llevan discutiendo y nunca han llegado a una conclusión común; ¿Es posible la reinserción en la sociedad de todas aquellas personas que han ingresado en prisión por haber cometido un delito?.
Creo que es imposible crear una fórmula mágica que transforme, cambie, moldee y adapte a esas personas que ingresan en prisión para que sean “mejores personas” y mucho menos con las condiciones en las que se encuentran los presos y lo difícil que es volver a entrar en la vorágine del mundo en el que vivimos diariamente, que en muchas ocasiones es más peligroso que esas cárceles.
En conclusión, para mí el cambio solo puede ser concebido como evolución, desarrollo o superación de uno mismo. El cambio, en el sentido que se le quiere dar hoy en día, es inviable y en algunos casos inmoral. Nunca se debe intentar cambiar la esencia de una persona, pues puede traer consecuencias irreparables.